LIBRO. ENSAYO. EN CASTELLANO.

    2005. (54 pgs.) (5 euros)

AGOTADO

 

REFLEXIONES SOBRE EL JARRAMPLAS

DEL PIORNAL  

 

JUAN J. CAMISÓN  

 

El presente trabajo es un estudio sobre los posibles mitos y ceremoniales antiguos que pudieran haber originado el actual ritual que lleva a cabo el Jarramplas de Piornal de Cáceres, una espectacular carantolla sobrecogedora que aparece en el citado pueblecito cacereño el día 20 de Enero, con motivo de la festividad de San Sebastián. Así mismo, en este ensayo, se tratan otras festividades semejantes o cercanas al Jarramplas, y cuyas conexiones con él parezcan evidentes.

The present essay is a study about the possible old myths and ceremonials that may have originated the actual ritual that every year performs the Jarramplas of Piornal, in Cáceres, one astonishing and dramatic motley which appears in the so-called small town in January, the twentieth, on the occasion of Saint Sebastian’s festivity. This essay concerns, as well, many others similar or approaching rites to the Jarramplas, and whose connections with him may seem evident.

  

       ÍNDICE

1. ANTIGUOS RITOS Y CRISTIANISMO

2. LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

3. EL JARRAMPLAS. SU DRAMATIZACIÓN

4. LAS TEORÍAS

5. CRIOBOLIAS Y TAUROBOLIAS

6. EL PHARMAKOS

7. LA MÁSCARA

8. EL NOMBRE DE JARRAMPLAS

9. EL INVIERNO Y LA LUNA

                         10. EPÍLOGOS

 

  FRAGMENTOS

 

3. EL JARRAMPLAS: SU DRAMATIZACIÓN

Posiblemente, de entre todos los personajes que la Iglesia no fue capaz de digerir en su titánico esfuerzo sincrético, se encuentre el Jarramplas de Piornal, este personaje doblemente pagano (en primer lugar por no-cristiano y en segundo lugar por agrario [de pagus].) de tremenda fuerza representativa.

Enigmático y de connotaciones altamente fetichistas, el Jarramplas surge de un oscuro pasado remoto y se planta en el siglo XXI aún lleno de misterio.

Como un terrorífico bucráneo antropozoomórfico de mágicas connotaciones, el Jarramplas aparece en las fiestas de San Sebastián, zigzagueando entre las celebraciones con que los piornalegos agasajan al Santo, sin ninguna conexión aparente con dichos ritos. De tales dimensiones debió ser su significado en la antigüedad que, actualmente, ni siquiera el santo narbonés asaeteado parece hacerle sombra.

En efecto, para cualquier observador externo a la devoción con que los piornalegos siguen la festividad de su santo, y más allá de los agasajos religiosos que la iglesia tributa al famoso mártir, asoman por debajo de las sayas eclesiales ortodoxas, los bigotes y los cuernos de un rito pagano venido hasta la actualidad desde la noche de los tiempos.

Para quien no haya tenido el privilegio de verlo, describimos sucintamente, su curioso atuendo y su dramatización.

Viste blusa y pantalón de tela blanca, de los que penden por doquier, forrando ambas prendas por completo, tiras de colores de unos diez centímetros de largo y dos de ancho, que los piornalegos llaman pingos, y que le dan un aspecto de carantolla, cuando no de personaje mágico arrancado de algún rito centroafricano. Lleva cubierta la cabeza por una espectacular máscara de casi un metro de alto, compuesta por un cono enorme de cartón sobre el que se han pintado (en rojo, amarillo y negro primordialmente) unos desmesurados ojos y una temerosa boca que muestra sus dientes afilados. Lleva pegada una nariz enorme y excepcionalmente puede incorporar incluso unas barbas de chivo. Dicha máscara se ve completada por un par de cuernos descomunales y muy curvados que, naciendo en su centro, casi llegan a tocar el vértice del capirote, al que remata, espectacularmente, una copiosa cola de toro, de zorro o de caballo que cae por detrás, todo a lo largo de la carantamaula. El Jarramplas lleva además guantes, y unos correajes donde sujeta un tambor que suele ir tocando con dos baquetas. Sobre su espalda, a veces, añade cosida una cruz de tela roja (símbolo inequívoco de la sacralización del personaje), en sustitución del arbolito que llevó pintado antiguamente. Es frecuente que un rabo de tela, colgando por detrás de la cintura, entre las nalgas, complete su apariencia.

El Jarramplas, a parte de los momentos puntuales en que acompaña a San Sebastián (bajá del santo, procesión, pujas, misa y rosario), pasa buena parte de los dos días de la fiesta entre agasajos: hace cinco recorridos petitorios por las casas y por los bares del pueblo donde le dan dinero, chacina, perronillas, roscas, tirabuzones, vino, aguardiente... Es invitado a comer en varias ocasiones a casa de los mayordomos, así como a un ágape (las migas), en el que participa todo el pueblo, donde se sirven migas, embutidos, queso, bebidas, licores, e incluso recibe obsequios especiales de chacina por parte de los mayordomos (el lomo).

Igualmente podría decirse que, en casi todas sus apariciones, el canto coral le acompaña, bien sea por parte de toda la comunidad, bien por parte de las mozas, bien por parte de los quintos: así le ocurre tres veces en la víspera (bajá del santo, regocijo y alborás...) y cuatro veces el día de la fiesta (regocijo, procesión, misa y rosario). Es también usual que la gente le de ánimos, acompañando la frase con alguna palmada sobre el hombro.

Y, evidentemente, es lapidado con nabos, con tronchos de verduras o con pellas de nieve en toda ocasión que se desplaza por las calles del pueblo con la máscara puesta sobre sus hombros: esto ocurre cinco veces. Pero la más importante de todas es la que tiene lugar el día 20, a las 12 de la mañana aproximadamente. Y esa es la que vamos a describir:

Antes ha asistido a la procesión del Santo (caminando de espaldas y tocando el tambor, como lo hizo en las alborás de la víspera) y a misa.

A la hora referida, tocado con la máscara y haciendo repicar briosamente sus baquetas sobre la piel de perro del tambor, el Jarramplas sale de la iglesia dispuesto a recorrer las calles del lugar y a recibir una impresionante lapidación de nabos, o de pellas de nieve si la hubiere, de todos los piornalegos y forasteros que quieran unirse a este ritual. Para ello, algunos habitantes del pueblo han traído, en el transcurso de la misa, tractoradas de estas crucíferas que han ido vaciando en las confluencias de las calles más importantes.

La ejecución se lleva a cabo casi en silencio... Se escuchan sólo los volantazos de los nabos silbando por el aire, los impactos de éstos contra el cuerpo del Jarramplas o contra las protecciones de las ventanas de las casas, que para la ocasión han sido forradas con tablones, cartones o chapas metálicas. Se percibe también el murmullo de los lapidadores, sus rápidos pasos, las corribandas de una punta a la otra por las calles de cientos de personas agolpadas, los resbalones en el suelo, el aliento contenido... Y el ronco retumbar del parcheo sobre el tambor con que acompaña su lenta marcha el Jarramplas... Entretanto, cientos de nabos vienen furiosamente a estrellarse contra su máscara, sus brazos, sus piernas, sus espaldas..., hasta que éste decide ponerle fin, tras aproximadamente dos horas, refugiándose en alguna casa. A pesar de que, para poder soportar mejor el severo castigo, lleve bajo su disfraz una suerte de armazón hecho de malla metálica y de rellenos de guata, cuando se quite el traje, su cuerpo aparecerá tumefacto, lleno de traumatismos, de contusiones y de heridas...

¡Todo un espectáculo que estremece y acongoja al que por primera vez lo presencia!

  

4. LAS TEORÍAS

            Las interpretaciones del Jarramplas han sido muchas y diversas.

Entre las más curiosas están los intentos de recristianizarlo (si se puede emplear este término). Para ello no se han tenido escrúpulos a la hora de presentarlo como un fiel creyente al que los judíos ajusticiaron en una sórdida venganza, allá por la edad media, o incluso de convertirlo en un cristiano renegado que, en una época indeterminada de la invasión musulmana, se pasó al otro bando y fue castigado por felón. Los propios piornalegos hablan de la condición de Jarramplas como un voto de penitencia hecho a San Sebastián en reconocimiento de los favores recibidos por el santo o de las gracias esperadas de él. Alguna vez incluso hemos escuchado que el Jarramplas era un ladrón de ganado ajusticiado por el pueblo.

            Es evidente que, a parte de estas teorías populares, existen otras hipótesis más serias:

            Algunos4 quieren ver en el Jarramplas una botarga carnavalesca, tal vez observando que en la zona perviven otras botargas semejantes: la Carantolla que aparece en las Rajas de Galisteo, el Taraballo de Navaconcejo, el Palotero de los Negritos de Montehermoso o de las Danzas del Guiador de Santibáñez el Bajo, el Graciosu de Nuñomoral... O, un poco más lejos, los Zangarrones, Cigarrones, Zafarrones, Botargas y Camuñas de Zamora, de León, de Galicia, de Portugal, de Guadalajara... 5

Hay quien opina que era un reo de la Inquisición, quizás basándose en el cruel castigo que recibe. En efecto, en épocas inquisitoriales, muchos de los condenados llevaban, camino del suplicio, un capirote en la cabeza y cruces pintadas en los hábitos, por lo general blancos6. Puede que alguna contaminación haya habido de este trasunto en su decurso. Pero es bastante extraño e infrecuente que el pueblo se prestase a perseverar, a través de una teatralización callejera, un ajusticiamiento que no conllevase comicidad carnavalesca, como es el caso.

            No son pocas las personas .que parecen decantarse por la mitología y convierten a la escenificación del Jarramplas en subsidiaria del castigo sufrido por el ladrón de ganados, Caco, hijo de Vulcano, por parte de Hércules. La leyenda cuenta que el gigante Caco era mitad hombre y mitad sátiro, y que vivía en un caverna llena de los esqueletos de los hombres que había calcinado con el fuego que lanzaba por su boca. Y que fue matado por Hércules por haberle robado alguna de las vacas del rebaño que él, a su vez, le había robado a Gerión... (Nos parece que, salvando todas las distancias, tiene muchas más similitudes con el mito de la Serrana de la Vera. Además la historia de un ladrón que roba a otro ladrón no parece ser, en absoluto, la escenificada por el Jarramplas. Pero el trasunto ha tenido aceptación y se ha extendido con notable éxito.)

            Otros7 creen reconocer en el misterioso personaje una reencarnación del lobo, basándose en los asentamientos ganaderos que debieron darse hace siglos en los montes de Piornal y en las constantes pérdidas que experimentarían (es de suponer) en la cabaña ganadera sus moradores, por causa de estos cánidos. Los que así opinan, justifican el rito con el castigo que los ganaderos deseaban propinar a su atávico enemigo. Y pudiera ser acertada esta teoría, pues muchos pueblos primitivos buscaban, a través de rituales simpatéticos, que la naturaleza les imitara y llevase a cabo realmente lo mismo que ellos ejecutaban para provocarla: en este caso que eliminase a los depredadores. Este mismo tipo de exorcismo mágico se daba, aunque en otra categoría, en Hernán Pérez, para conjurar al sol y espantar las oscuridades invernales, la víspera de San Sebastián, cuando salía por las calles del pueblo, ya de noche, el Hombre de la Anguarina con una vara de tres metros, en cuyo extremo iba pinchada una bola de estopa embebida en productos inflamables, convertida en un fulgor ardiente, mientras escopeteros apostados aquí y allá disparaban tiros a las oscuridades. O en el Capazo de Torre de Don Miguel, donde, a través del lanzamiento por el aire de esteras ardiendo, se pretendía recordarle al sol que no se ocultase por más tiempo durante el oscuro invierno y reprodujese esa órbita suya cotidiana que las esteras le mostraban por si se le había olvidado.

            Y, evidentemente, no falta quien cree atisbar en el Jarramplas el remedo de alguna víctima propiciatoria, procedente de rituales americanos precolombinos, trasvasada desde aquellas lejanas tierras gracias al poderoso impacto que su visión debió producir en los conquistadores españoles. Pero es cuando menos poco verosímil que, aquí, en España, se perpetuase un ritual de homicidio sagrado semejante al mesoamericano, vista la campaña demoledora llevada a cabo por los conquistadores, que presentaron tanto a aztecas como a mayas o a incas como auténticos salvajes que practicaban asesinatos. La mala prensa del sacrificio humano precolombino no favorecería la expansión de tales culturas, y mucho menos su imitación. Además, los textos que nos han llegado,

 Pegaban plumas de águila a su cabeza e introducían en su cabellera, que descendía hasta la cintura, plumas blancas de gallo. Una guirnalda de flores, parecidas a las del maíz, ceñía sus sienes y otra guirnalda de las mismas flores pasaba sobre sus hombros y bajo sus axilas. Ornamentos de oro colgaban de su nariz, brazaletes dorados adornaban sus brazos, campanillas de oro tintineaban en sus piernas a cada paso que daba; pendientes de turquesa se columpiaban en sus orejas, pulseras engalanaban sus muñecas y collares de conchitas rodeaban su cuello y caían colgando sobre el pecho; llevaba un manto de malla y rodeaba su cintura una faja recamada. Así alhajado paseaba por las calles, tocando una flauta, echando humo de su cigarro y aspirando el aroma de un ramillete...(P. José de Acosta: Historia Natural y Moral de las Indias, 1550)

...evidencian claramente que tales víctimas humanas, a parte de distar mucho formalmente del Jarramplas, ya que iban totalmente alhajadas y profusamente coronadas de flores, no eran lapidadas, sino sacrificadas directamente, arrancándoles el corazón:

 Al alcanzar la cúspide de la pirámide, los sacerdotes lo sujetaban y lo tendían de espaldas sobre un bloque de piedra, mientras uno de ellos le abría el pecho, introducía la mano en la herida y le arrancaba el corazón, que mostraba en sacrificio al sol... (P. José de Acosta: Historia Natural y Moral de las Indias, 1550)

Sí es cierto, sin embargo, que, antes de su ejecución, estas víctimas gozaban, como el Jarramplas, de ciertas prerrogativas:

 Tenía hasta cuatro mujeres, comía y bebía a cuenta de la comunidad y los principales venían a reverenciarle. (Franciscano P. Sahagún: Escritos sobre las Indias, s XVI)

...tal vez en compensación por el fin que les aguardaba, y que eran inmoladas, como presumiblemente lo es el Jarramplas, para propiciar la fertilidad de los campos.

Hay estudiosos7. que no tienen inconveniente en relacionarlo con ciertos cultos prerromanos a las divinidades Celtas8. Y ciertamente era en los primeros días de Febrero cuando se celebraban los festivales de Imbolc, con ritos de purificación y de fertilidad de la tierra a través del agua y el fuego.

Otros9 piensan que sus raíces estén vinculadas con las Lupercalias Romanas. Estas celebraciones se llevaban a cabo durante el mes de Febrero. En ellas, tras el sacrificio de un macho cabrío al dios Luperco, se le imploraba protección contra los lobos. Además, los luperci, vestidos con pieles de animales, golpeaban la tierra con ramas y palos para hacerla fructificar. (Tal vez las Carantoñas de Acehúche conserven aún, en la rama que llevan en las manos y en su gesto de embestida paralizada, el recuerdo de este arcaico ritual.) Este rito de origen pastoril, rápidamente degeneró en otro tipo de manifestación mucho más oscuras. En las Lupercalias, los sacerdotes acabaron por sacrificar cabras y perros y cortar sus pieles a tiras para fustigar con ellas o con sus vejigas a las mujeres que deseaban quedar preñadas. (Más nos recuerdan al Taraballo de Navaconcejo que va azotando a los espectadores con un látigo o con una vejiga atada a un palo.) Y, mucho más tarde, los devotos de Luperco realizaban procesiones nocturnas, alumbrados con velas y teas, para pedir al dios protección contra la infelicidad y contra la muerte. Estos momentos de oscuridad eran aprovechados por los fieles para excederse en todo tipo de contactos sexuales rituales, mientras algunos corrían desnudos y embadurnados con la sangre de las víctimas por entre la gente.

Parece ser que el cristianismo sincretizó tanto los festivales de Imbolc como estos comportamientos licenciosos de las Lupercalias en la fiesta de las Candelas y las Luminarias.

Y no faltan quienes han querido ver el origen del Jarramplas en las Saturnalias romanas. Estas fiestas se celebraban del 17 al 23 de Diciembre, en honor de Saturno, dios de la siembra y de la agricultura, con grandes comilonas, borracheras y desenfrenos casi carnavalescos en los que la búsqueda de todo tipo de placeres estaba permitida. En ellas, la representación personificada del dios Saturno moría una vez terminados los días de orgía. Se elegía para encarnarlo a un hombre apuesto, al que vestían con atavíos reales. De esta guisa, era presentado a la gente con plena licencia para que cada cual se entregarse con él a toda clase de pasiones, sin censura alguna. Pasados treinta días era degollado en el altar del dios al que encarnaba... Luego la costumbre degeneró y el dios fue representado por un monigote relleno de paja que, tras un juicio sumarísimo lleno de escarnios, era ajusticiado y apaleado. Con el correr de los siglos, incluso, y sin saber ya de dónde procedía tal costumbre, dicho fantoche era estoqueado o fusilado10.

Y este no fue el único camino degenerativo que el dios Saturno sufrió a lo largo de la Historia, pues en otro contexto, el dios fue deformándose poco a poco hasta transformarse en el Rey de la Sinrazón, ese Rey de los Tontos11del que se burlaba todo el mundo y al que se representaría, en siglos posteriores, con ropas coloristas y tocado con un cucurucho (Fiesta de los Locos de Jalance en Valencia o las Locadas de Fuente Carreteros de Córdoba) o una mitra episcopal, como tantas carantollas precarnavalescas12 que actualmente aún aparecen en distintas festividades de Extremadura: el Vitonto de Galisteo, los Obispillos de los San Blases y los Carnavales de las Hurdes, el Palotero de los Negritos de Montehermoso...

Cabría, sin embargo, no perder de vista, la advocación saturnal que lo consideraba como encarnación de una deidad forestal y a la que se le inmolaron víctimas humanas. Esa vereda tal vez diera mejores resultados. Volveremos a retomarla más adelante.

Un poco más cercano anda el Jarramplas del Mamurius Veturius romano, ese viejo y decrépito dios Marte al que se honraba, sacando el 14 de marzo por las calles, en procesión, a un hombre cubierto de pieles al que pegaban con cayados blancos y largos hasta expulsarlo fuera de los límites de la ciudad. Y no precisamente como al dios de la guerra, sino como dios de las cosechas y de la vegetación, para que se llevase con él toda la negatividad del viejo año y volviese reencarnado en otro nuevo dios agrario recién nacido y renovado que vivificara los campos. Aunque por la indumentaria tal trasunto nos recuerda más a las Carantoñas de Achuche y de las Hurdes (Zurrumonus, Pelujáu Canu, Machu Cornúu), sin embargo, por la intención, nos parece que el Jarramplas encamina ciertamente los pasos por senderos semejantes, y una hipótesis de expulsión para llevarse con él los males del año viejo y poder renovarse, ya es más que interesante.

Llegados a este punto, lo que sí podemos decir con claridad del Jarramplas es que es un personaje pagano (y doblemente pagano, disimulado e integrado (¿disimulado e integrado?) en la horma de los cultos que la Iglesia católica rinde a San Sebastián. Lo curioso del caso es que la iglesia lo haya tapado precisamente con este santo que oculta, a su vez, claves herméticas y mensajes subliminales tanto en su iconografía como en su peculiar martirio, pues no en vano algunos estudiosos lo han entroncado directamente con antiquísimos idearios aghárticos13 en los que una casta de maestros espirituales, simbolizados y encabezados por San Antonio Abad (cuya fiesta se celebra dos días antes, el 17 de Enero) estaría sostenida por otra casta paralela de guerreros, simbolizados y capitaneados por San Sebastián14, de modo que tanto el primero como el segundo representarían los dos mundos, teórico y práctico, espiritual y material, ying y yang, daemon y eidolon, que todo ser humano lleva dentro y a los cuales hay que reverenciar en algún momento, preferiblemente en los comienzos del año.

San Sebastián, en efecto, ocultaría detrás a un antiguo dios guerrero15. Posiblemente sea el dios Marte quien esté encubierto bajo su advocación. A su madre Februa (que es la diosa que le da nombre a Febrero: Februarium) se le tributaron, durante estas fechas de finales de enero y principios de febrero, innumerables actos de devoción, encendiéndole antorchas y lumbres por todas las ciudades16 para que aplacara la ira de su hijo Marte, y la guerra no visitase los poblados. Pero es que hay más aún: los celtas celebraban a su dios de la guerra, Thor, el mismo 20 de Enero!

Pero este aspecto del santo-soldado merecería por sí solo, tal vez, un estudio a parte...

      

Juan J. Camisón

II CONGRESO DE LA LENGUA EXTREMEÑA, San Pedro de Mérida, 2004

 

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0 El cristianismo intentó reformar todos los espacios y fenómenos socioculturales que incluían prácticas y creencias de orígenes oscuros o peligrosos para su supervivencia. Es decir, los derivados de las culturas precedentes Celtas, Ibéricas, Egipcias, Griegas, Romanas, Germánicas, Escandinavas, Capadocias, Beréberes, así como todo tipo de manifestaciones rituales locales. Estas últimas parece ser que fueron especialmente reacias y de difícil eliminación, por el arraigo que tenían en sus practicantes. En la eliminación total de ellas fracasó estrepitosamente la nueva religión en no pocas ocasiones, viéndose obligada a asumirlas.

1 De hecho, este fenómeno puede apreciarse hoy perfectamente en los nuevos catecúmenos que la iglesia consigue entre algunas etnias africanas o suramericanas, cuando aceptan la nueva religión sin abandonar la antigua. No pocas veces hemos observado, in situ, cómo estas personas, instantes después de salir de una misa católica, inician un baile ritual, a la misma puerta de la iglesia, siguiendo su primitivo credo animista. Y, sin necesidad de ir tan lejos, en Extremadura, los habitantes de las montañas y el campesinado en general prefieren, aún hoy, confiar en sus antiguas creencias y seguir observando las nubes, los astros, los eclipses, el comportamiento de los pájaros o el estornudo de las bestias para predecir el futuro inmediato, olvidados de avances tecnológicos.

2 Los hombres primitivos raramente trazan una línea de demarcación entre la humanidad y los otros animales como grupo. E. B. Taylor

2A En la Procesión del Corpus de Camuñas (Toledo) baila una botarga a la que se la llama directamente el Pecado.

3 Además, la Pascua no fue colocada por azar en el equinoccio de primavera, sino que, puesto que los mencionados dioses guardaban, entre sus muchos rasgos, el de ser dioses agrarios, esa fecha fue considerada idónea para la resurrección de un dios de la vegetación que había estado muerto o dormido durante todo el invierno. Incluso la escenificación que el cristianismo impuso para el Domingo de Ramos se parecía a los ritos antiguos en honor de Atis en el mes de marzo: en ellos los canóforos (que llevaban cañas en las manos) y los dendróforos (que llevaban ramas de pino) iban abriendo las procesiones en honor del dios. Nada es casual.

4 Entre ellos, Javier Marcos Arévalo : La Fiesta de San Sebastián en Piornal.

5 A finales de Enero y principios de Febrero salen en la provincia de Guadalajara botargas semejantes en: Montarrón (llamada de San Sebastián), Razbona, Fuencemillán, Málaga del Fresno, Arbancón, Peñalver, Albalate, Retiendas, Mohernando.

6 Feliciano Calle Sánchez, uno de los estudiosos más serios del Jarramplas, apunta en un apartado de su trabajo, titulado la vejación pública, cómo estos reos eran emplumados a veces, revestidos con atuendos disciplinares y coronados con mitras, corizas o capirotes, y eran lapidados por los arrapiezos con nabos y hortalizas, camino del castigo. Y cómo, hasta hace poco, en las escuelas españolas se ridiculizaba a los alumnos torpes colocándoles un capirote sobre la cabeza.

7 Juan Manuel Collado Campos: El mito del Lobo Jerteño.

7 Simón Guadalajara Solera: Lo pastoril en la cultura extremeña.

8 El 1 de Febrero se le rendía culto al dios celta Imbolc. Las otras celebraciones celtas importantes eran: el 1 de Mayo: Beltaine, el 1 de Agosto: Lugnasad y el 1 de Noviembre: Samain.

9 José Mª Domínguez Moreno: Fiestas Populares de la Provincia de Cáceres.

10 Más parece que recuerde a otro tipo de rituales que aún perviven en Extremadura, como el Pero Palo de Villanueva de la Vera, el Manolo de Losar de la Vera o el Judas de Cabezuela del Valle.

11  Ese Roi des Fous del mundo de las primeras Universidades. Victor Hugo: Notre Dame de París.

12 El carnaval era un periodo tan largo en la antigüedad que podría decirse que abarcaba desde el mismo solsticio de invierno con sus celebraciones.

13 Saint-Yves d’Alveydre: Mission de l’Inde en Europe.

14 Juan G. Atienza: Santoral diabólico.

15 No es el único: en Galicia hace lo mismo Santiago Matamoros, en Castilla San Millán y en Cataluña San Jorge..

16 Otro posible origen de las Candelas.

16a Feliciano Calle Sánchez.

17 En Marruecos, la mayoría de los moros ricos tienen un jabalí en sus establos para que los jins o espíritus perjudiciales se aparten de los caballos y entren en el jabalí. Cuando un moro tiene dolor de cabeza, golpea a una cabra o a una oveja hasta que la derriba, creyendo así que su dolor de cabeza pasará al animal. En Africa del Sur, cuando ya han fracasado otros remedios ante un enfermo, traen a su presencia una cabra para que sus pecados pasen al animal. Entre los Dinkas, pastores de la región del Nilo Blanco, cada familia posee una vaca sagrada; cuando el país está amenazado por la guerra, el hambre o cualquier otra calamidad pública, los jefes del pueblo requieren a una familia para que les entregue su vaca sagrada a fin de que sirva como víctima expiatoria. (J.G. Frazer: op. cit.)

18 Al inculcar al fiel la noción de un dios sufriente y salvador en el sentido del sacrificio redentor, de la remisión personal, de la devoción mística, los dioses orientales preparaban el terreno en el que crecería el cristianismo (Robert Turcman)

19 Es curioso que en un rito carnavalesco español llamado El día del Obispillo, según Julio Caro Baroja, se azotase a un monaguillo revestido de pontifical no para castigarlo, sino para purificarlo y que pudiera llegar a ser obispo. El mismo Caro Baroja cuenta también cómo, durante el Carnaval de Oviedo, un hombre era paseado por las calles con la cara pintarrajeada y un enorme sombrero, mientras la gente le arrojaba huevos y tronchos de verduras. O cómo en el Carnaval de Laza, en Galicia, un hombre era perseguido siendo objeto de revolcones en el barro o encerronas...(Tomado de Feliciano Calle Sánchez: El Jarramplas).

20 En muchas sociedades, y no precisamente arcaicas, el redoble de tambor ha acompañado no sólo el momento exacto de la ejecución, sino el recorrido del reo hasta el cadalso.

21 Todavía hoy se representa al año que termina como a un hombre decrépito, y al que comienza como a un niño recién nacido. Aún hoy seguimos suponiéndole al año nuevo una fuerza renovada y, acompañados de ella, renovamos votos para comenzar a adelgazar, dejar de fumar, hacer deporte, estudiar, leer...

22 Hemos escuchado y leído que antiguamente no se lapidaba al Jarramplas ni con nabos ni con la virulencia que ahora se hace. Parece ser que en tiempos pasados no necesitó refuerzo en la careta ni bajo el disfraz, pues sólo los niños y jovenzuelos lo perseguían, arrojándole tronchos de verduras, tomates, alguna patata y algún nabo. Pero del mismo modo, también hemos oído que en siglos pasados se le tiraban piedras y trozos de hueso metidos dentro de las pellas de nieve. Poco o nada cambia en la interpretación del mito que haya ocurrido de uno u otro modo. En todo caso explicaría mejor el ritual agrario de fecundidad que personifica el misterioso personaje. Nada nos impide pensar, de igual manera, que muy anteriormente no hubiera sido como lo es ahora y que, debido a alguna fuerte lesión, se abandonara.

23 Los atenienses también mantenían varios seres desgraciados e inútiles, para, llegado el caso, utilizarlos como víctimas expiatorias. Éstos eran conducidos por toda la ciudad con una ristra de higos negros sobre los hombros y luego lapidados en las afueras. Esto ocurría principalmente en el festival de la Targalia, en mayo, pero si ocurrían calamidades en otras épocas del año, también recurrían a este expeditivo método de hacer cargar la responsabilidad de mal avenido sobre la víctima reservada para la ocasión. Entre los griegos de Asia Menor, cuando una de sus ciudades sufría pestes, hambrunas u otras calamidades, elegían a una persona deforme no repugnante para que asumiese sobre sí todos los males que asolaban a los vecinos, la llevaban a un lugar apropiado y, tras darle higos secos, pan de cebada y queso para que comiera, le pegaban con cebollas, ramas de cabrahigo y otros arbustos, hasta que finalmente la quemaban en una pira. (J.G. Frazer: op.cit.) (Es cuando menos curioso que los pharmakos actuales aparezcan también deformados a través de la máscara.)

24 Feliciano Calle Sánchez, en su trabajo del Jarramplas, opina que puede aludir este color al sol fructificador.

25 En Hoyo de Pinares, en Avila, el día de San Sebastián, los mozos entraban en las casas y se llevaban todos los alimentos que pudieran coger. (Feliciano Calle Sánchez: op. cit.)

26 “El trance más serio que hubo de soportar el hombre europeo prehistórico fue el invierno glacial. En la memoria colectiva de aquellos pueblos quedaría asociado el recuerdo de un largo invierno con la imagen de la muerte y la desolación. No resulta extraño que, durante mucho tiempo, se recurriera a todo tipo de ceremonias destinadas a evitar la prolongación del invierno y, en consecuencia, a favorecer el resurgir de la vida.”(Feliciano Calle Sánchez: op. cit.)

27 De hecho, hoy aún, al final de los inviernos árticos, cuando el sol reaparece sobre el horizonte, tras una ausencia de semanas o meses, es siempre el momento elegido por los esquimales para expulsar de todas sus cabañas al maléfico espíritu Tuña. Y en la tierra de Baffin, los demonios son expulsados de los poblados en idéntica fecha. En Perú, aún se siguen expulsando los malos espíritus a comienzo de las estaciones de lluvia. Y en Europa se eligió como día propicio para expulsar a los demonios el último día del duodenario místico de la Epifanía, el 6 de Enero.

28 Y es a medianoche también cuando todo el pueblo de Piornal acompaña al Jarramplas cantando las Alborás por las calles.

29 La existencia de un duende es algo que no es de extrañar, pues en el mundo europeo éstos son considerados también espíritus de la Naturaleza que viven entre árboles y bosques. (Juan Antonio López Cordero: Referencias mágicas en la etnografía de Pegalajar) En Extremadura se conocían con el nombre de aparecidos a los muertos que decidían volver al mundo de los vivos por asuntos pendientes o simplemente a vagar por los caminos. La palabra francesa revenants expresa correctamente este significado.

30 En las mentalidades primitivas la vida y la muerte no aparecían separadas nítidamente, pues se consideraba que el difunto no estaba verdaderamente muerto, y en cualquier momento podía mostrarse. (Juan Antonio López Cordero: op. cit.)

31 Con ensalmos de hechiceros o de veedoras, ramos de árboles a los que se les creía provistos de magias reparadoras colocados dentro de los habitáculos, patas de animales llevadas al cuello como amuletos, aguas milagrosas rociadas sobre los enseres, cenizas preventivas guardadas junto al lecho.

32 En el sentido originario portugués del término: feitiço: hechizo, cosa o asunto mágico.

33 En la Provincia de Guadalajara, en el pueblo de Robledillo de Mohernando, sale una botarga, llamada de los casados, que lleva dibujada sobre su indumentaria también una la luna. Esta botarga es acosada en todo su recorrido por la chiquillería, de la que se defiende con un garrote.

33A Eneru mojáu: güenu pal campu, malu pal ganáu. En eneru, pocu en el senderu. En eneru: estrellas tapás, granizus y pedregás. Quien pasa el mes d’eneru, pasa en añu enteru. Las 5 ya dan con sol el día de San Antón. Añu ruin si lluevi en eneru y nieva en abril. Si yela bien pol eneru, bien lloverá pol jebreru. Pol San Vicenti, labra los nabus de simienti. Pol San Antón de eneru ya entra el sol en los reguerus. En eneru, nievi en el bragueru. Eneru y jebreru pajarerus, malzu nialzu, abril güeveril, mayu pajarracus y pa San Juan vuelan ya. Nubi d’eneru, nievi en jebreru. Eneru jelosu, jebreru nievosu, malzu ventosu, abril lluviosu, mayu pardu y pa San Juan ya craru. Pol San Vicenti, to el agua es simienti. Si putu en eneru, peol es jebreru. Si pol la Candelaria quie neval, el ivielnu está antovia pol llegal. Vaiti jebreru, que ya no te tengu miéu. Pol San Bras, la yelba a metá verás. Jebreru cordereru, malzu cabriteru. Y jebreru ventiochu, si tuviera otrus cuatru no queaba ni perru ni gatu. Si en jebreru no yela, pa malzu lo deja. Pol San Bras tieni el día hora y media más. Si en eneru canta el grillu, en agostu pocu triguillu. La frol d’eneru no ve fruteru. Pol San Matías ya cantan las cutuvías y entra el sol en las umbrías. Cuandu no lluevi en jebreru, ni trigu ni centenu. Mal añu asperu si en jebreru anda en mangas de camisa el jolnaleru. En eneru ni lechi ni corderus. Eneru, güen mes pal carboneru. Quien pidi agua en eneru ni es labraol ni ganaeru...

34 Candelas (Cáceres, Monroy, Santiago del Campo, Talaván), teas (Hernán Pérez, Ribera Oveja), escobones ardientes (Jarandilla de la Vera), lumbres (Torrejoncillo, Herrera del Duque, Badajoz, Cáceres, Holguera, Puebla de Alcocer), hogueras (Azuaga, Castañar de Ibor, Moraleja), tueros (Aldea del Cano), velás (Montehermoso) o capazos (Casas de Millán, Torre de Don Miguel).

35 Las sociedades ancestrales pretendieron invocar a la primavera arrojando sobre la tierra (o sobre las botargas agrarias) elementos fructificatorios: nabos, tronchos de hortalizas, patatas, naranjas, manzanas, ramas, higos, pétalos, flores, bellotas, arroz, ceniza, pellas de nieve, agua..., y hasta harina o dinero..., La cultura indoeuropea ha expulsado de sus poblados a los malos espíritus de miles de maneras, pero primordialmente lanzando imprecaciones u objetos sobre algo o sobre alguien: harina, ceniza (Cenizu de las Hurdes), agua (Cascamorras de Guadix), piedras (Botargón de Ateca), pellas de nieve, ramas, pétalos (procesiones de Semana Santa, Vírgenes...) patatas, tronchos de berzas, de calabazas y de coles (botargas de Guadalajara, Jarramplas), naranjas (carantollas de Zamora), manzanas (Botargón de Anteca) higos, bellotas (procesión de la Concebida de Pegalajar en Jaen), nabos (el Jarramplas de Piornal), manzanas (el Zangarrón de San Sebastián de Sanzoles, en Zamora), arroz (bodas), dinero (procesión de los Empujones de Cañaveral) y posteriormente tiros. Lanzando tiros al aire para que los espíritus, los duendes, los aparecidos y las brujas se marcharan de los lugares que se pretendían purificar con tales manifestaciones. Hoy se siguen tirando tiros al aire los días de San Antón, de San Sebastián y de San Blas en muchos pueblos de Extremadura: Acehúche, Portezuelo, Hernán Pérez, Cilleros –la lista es larga– en un rito multisecular que aúna culturas y aptitudes.

,36 A parte del Jarramplas, y quizás como rito clarísimo de expulsión de malos espíritus, es muy explícito el que llevan a cabo los Ramarejos y el Gracioso de Nuñomoral, la víspera de San Blas: estos personajes, que durante las celebraciones visten con pieles y mitras obispales, recorren no sólo este pueblo, sino las aldeas colindantes y van recogiendo patatas, castañas, aceitunas y chacina por las casas del vecindario, mientras tocan sonajas, panderetas y castañuelas, y les desean a los aldeanos prosperidad para sus tierras y ganados.

37 En Zamarramala, en Zamora, el 4 de Febrero, festividad de Santa Águeda, también ocurre otra costumbre purificatoria sorprendente: las mujeres exorcizan al invierno quemando a un pelele (el Manolo) que lo representa, en un simbolismo altamente ilustrativo: el fuego sería el sol, ellas la fecundidad y el pelele el frío invernal.

38 Dos tribus de indios, los Iroqueses y los Hurones, en Enero o Febrero, la fecha variaba, celebraban la fiesta de expulsión de los malos espíritus: para ello varios hombres se vestían con pieles de animales salvajes, se cubrían la cara con máscaras horrorosas y, llevando en la mano un carapacho de tortuga, iban de choza en choza haciendo un ruido ensordecedor. De ese modo les quitaban a las gentes sus males y pesadumbres. En algunos pueblos el Noreste de la India hay un festival anual de expulsión de los demonios. En una procesión, los habitantes de las ciudades, empuñando palos como si ojeasen una pieza de caza, van cantando a gritos para expulsar al demonio de sus dominios. (Aquí también hay procesión y cantos como en el Jarramplas.) Algunas tribus aborígenes de China, como protección contra la peste, eligen a un hombre corpulento para que haga de víctima propiciatoria. Una vez embadurnada su cara con pintura, éste ejecuta cabriolas grotescas con el fin de atraerse todas las pestilencias y nocividades. Cuando sus convecinos creen que han entrado todas en él, lo expulsan del poblado.(J.G.Frazer: op. cit.)

39 Javier Marcos Arévalo: Roles, funciones y significados de los animales en los ritos festivos (en Revista de Estudios Extremeños.

40 En todos estos rituales coercitivos, los que llevaban a cabo los rituales agrarios fructificatorios acudían igualmente al sonido, por lo general estruendoso, para despertar a las fuerzas de la naturaleza y obligarlas a reaccionar. Lo mismo que el Jarramplas toca el tambor constantemente o que sus acompañantes no cesan de cantar, cientos de personajes mágicos que tienen idéntica misión tocan tambores, panderetas, castañuelas, cencerros, tapaderas o simplemente cantan o gritan ellos o sus acompañantes para propiciar la magia.

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